"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

25 jul. 2016

Melones y sandias



Hace mucho que no escribía en este blog, casi medio año. El motivo no es porque haya dejado de ser un completo gilipollas, en realidad sigo siento tan completo y tan gilipollas como siempre (incluso más). El motivo es otro, aunque carece de importancia porque nada ha cambiado, en realidad. Podría contarles millones de aventuras que me han sucedido en este medio año, pero casi todas serían una ficción que nada tiene que ver con la ficción de este blog. Así pues, aquí me hallo de vuelta para explicarles algo que me sucedió ayer mismo en un supermercado cerca de la infecta cueva que es mi casa. 

Había bajado yo a comprar gazpacho marca blanca en tetrabrik (el caviar del verano para los pobres) cuando, me topé de golpe con una muchacha que también estaba mirando las cremas refrigeradas. Cuando digo “topé” fue literalmente porque ella abrió la puerta de los refrigerados dándome tal golpe que me lanzó hacia detrás por el pasillo de la fruta cual zombie recién golpeado en “The Walking Dead”. De vuelta me di cuenta que ella era relativamente joven, con unos grandes ojos negros, el pelo rubio y corto y una especie de vestido con animalitos estampados. Y unos grandes pechos, claro. Si no de que me iba a enamorar… ¡Eh! ¡Quietas! ¡No es mi culpa! ¡Soy hombre heterosexual, machista, antiguo, mentiroso y egoísta! O sea, soy un hombre. Vale, aunque no hubiese sido tan atractiva y su pecho hubiese sido una tabla de planchar, me habría enamorado igualmente. ¡Soy un hombre, les recuerdo!

Tenía que hacer algo para llamar su atención, lo más rápido posible…

 -El mejor gazpacho es el que se hace en casa -comencé intentado impostar mi voz más masculina y que al tiempo no viese ella que me faltan la mitad de las piezas dentales- en mi casa, concretamente…

La mujer me miró y dibujo una media sonrisa en su casa, aunque más que un gesto de cordialidad pareció que acababa de meter la lengua en el tubo de escape de un autobús de la línea 41. No me preocupó, todas las mujeres reaccionan así frente a mí. Es más, cuando son realmente simpáticas salgo corriendo porque ya no soy capaz de reconocer la amabilidad femenina.

Ella hizo caso omiso de mi veraniego consejo, cogió rápidamente un tetrabrik de gazpacho, lo metió en su carrito y salió corriendo de allí, tan deprisa que una gran sandia salió disparada de su carro en dirección a mis pies. Yo recuperé hábilmente la redonda fruta cual quaterback titular de los 49rs de San Francisco (aunque me gané reencontrarme con mis queridas dos hernias discales) y salí corriendo tras ella con la sandía en alto. Al llega a su lado la mujer había sacado un spray antivioladores y lo apuntaba amenazadoramente en dirección a mis ojos. 

Le mostré la sandía, entonces ella miró su carro y lo entendió todo. Hubiese preferido que entendiese que lo único que pretendía era yacer con ella en todas las posiciones imaginables.

De hecho, creo que lo entendió porque simplemente cogió la sandía, dijo un breve “gracias” y siguió su camino huyendo de mis miles de encantos entre los que se incluían unas cangrejeras de plástico y una riñonera de polipiel.

Pero no iba yo a permitírselo. Despedirte de alguien que te atrae sin darle un beso en la boca es como beber Cacaolat bajo en calorías o la leche sin lactosa: una insustancial pérdida de tiempo. De acuerdo, yo siempre intento despedirme de todas con un buen beso en la boca, pero es que a mí me gustan todas. Siempre consigo también o una espléndida cobra que deja mis morritos colgados del aire o consigo una magnifica bofetada a mano abierta que hace que mi cabeza gire como la de la niña de “El Exorcista”.

Así pues, puse mis labios en pompa y los acerqué a los suyos. En ese preciso instante, ella interpuso otra redonda y gigantesca fruta de su carro, con increíble habilidad entre nuestros labios, finalizando yo mi acción con un espléndido beso (quizás el mejor que he dado nunca) a la rugosa piel de un melón piel de sapo.

Han de saber ustedes, como culminación de esta nueva tragedia sentimental, que me encanta la sandía pero que soy alérgico a la piel del melón. ¿Aunque que podía saber mi amada? Nunca reprochéis la ignorancia ajena, sobre todo si viene acompañada de unos pechos tan magníficos como eran aquellos. Incluso aunque no sean magnificos.

Ahora mismo estoy escribiendo estas líneas con los labios tan hinchados como los huevazos de Rita Barberá. 

Eso que me ahorro en botox… ¡feliz verano!

3 ene. 2016

Resumen y propósitos... lo de siempre



En estas señaladas fechas, como buen gilipollas que pretendo, me veo obligado a resumir el año transcurrido al mismo tiempo que odio con todas mis fuerzas todos aquellos que quieren resumir el transcurrir de su propio año. Será porque solo me intereso a mí mismo, el gilipollismo tiene eso: alimenta el egocentrismo. Sea como sea, voy a intentar hacer un resumen de mi año aunque lo voy a hacer huyendo de textos cursis ni tampoco acompañándolos de una bonita estampa mía alzando una copa (de plástico) de cava (barato) en un (frio) parque la (desoladora) primera mañana del año.

Mi 2015 fue divertido, no puedo negar la evidencia, pasaron muchas cosas y casi todas fueron eso:  divertidas. A saber: encontré el ejemplar  7 del cómic “The Amazing Spiderman”, acabé el puzle de 200 piezas de Popeye, perfeccioné mi técnica para encender una barbacoa sin que la carne acabe con sabor a gasolina y por fin puse en mi móvil el tono de la serie de TV de “Starsky y Hutch”. Puede parezcan logros menores pero la vida del gilipollas es así, una juerga continua de series de televisión, cómics y cerveza barata. Respecto a las mujeres mejor no hago ningún resumen porque estoy comiendo una piza (des)congelada y me atraganto cuando lloro.

Mis propósitos para el 2016 son bien simples: no tener que picar demasiada piedra para encontrar oro. O lo que es lo mismo: fornicar sin esfuerzo. Me refiero al esfuerzo previo al fornicio porque el sudor lo asumo como uno de esos inconvenientes indisolubles del placer mismo. ¿Dónde encontrar esas mujeres? No tengo demasiado dinero porque me gasté todos mis ahorros en una caja de gambones congelados para Nochebuena, así que deberé evitar bares de carretera, restaurantes chinos y el consulado de Bielorrusia. Quizás lo mejor sea tirar de agenda y ver si consigo emborrachar a alguna conocida a quien en el pasado ya intenté emborrachar sin demasiado éxito. Nunca se sabe. Lo malo de este tipo de situaciones es que yo también acabo borracho y mi pene adquiere las proporciones de un percebe enano (el mismo olor, a veces).

Quizás debiese plantearme estudiar algo, quizás cambiar de trabajo… bueno, encontrar trabajo. Quizás debería plantearme cambiar de peinado y de vestuario.  Seguro que eso ayudaría a que el 2016 fuese mejor que el 2015, el 2014, el 2015… (sigan ustedes hasta 1966). Pero resulta que se estoy tan cómodo en mi sofá de polipiel y rodeado de mis ácaros que no creo que tanto esfuerzo proporcione ningún beneficio en relación.

Lo sé, muchos de ustedes (por no decir todos) estarán ahora con el ceño fruncido pensando que este texto es deprimente.  Permítanme contestarles una cosa. Si son ustedes hombres, en efecto reconozco que es deprimente. Pero si son ustedes mujeres… ¿no doy pena?

El sexo por compasión sigue siendo mi baza más segura para el 2016…


18 dic. 2015

Guia para votar en las próximas elecciones generales

Como siempre, en mi tarea de educar a cualquiera que no sea yo mismo, les adjunto unas pequeñas instrucciones para que el próximo domingo 20 puedan ir a votar sin más problemas que recordar donde han dejado el DNI. Son técnicas bien fáciles que hasta un niño podría ejecutar. Ahora debería parafrasear a Groucho diciendo “¡Pues tráiganme a un niño!” pero me temo que en este siglo XXI tan políticamente correcto, es una frase sospechosamente pederasta. Así pues, olviden a los niños, olviden a las suegras y dejen de perder el tiempo yendo a votar porque aun tienen ustedes que comprar los regalos de Navidad y el champagne barato para el cuñado. De todas formas, si aun creen que han de defender la unidad de España, la unidad de Catalunya o la Unidad (el numero 1), aquí tienen unas fáciles y rápidas instrucciones.

Técnica “On your fucking face”
1-    Bajar a ver a la portera de la finca (o de la finca más próxima)
2-    De repente, propinarle un bofetón que le rompa las gafas y le deje la cara toda marcada
3-    Preguntarle amablemente a quien va a votar y votar lo contrario.

Técnica Stevie Wonder

1-    Coger todas las papeletas
2-    Sacarse los ojos
3-    Meter una papeleta al azar en un sobre
(Esta técnica también puede hacerse vendándose los ojos en vez de sacárselos con una cucharilla de café, pero no es tan divertido)

Técnica “on fire”
1-    Depositar todas las papeletas en una sartén.
2-     Darles fuego fuerte.
3-     Ir a hacer el vermú con una gran sonrisa dibujada en la cara.

Técnica Manuel Campo Vidal del bipartidismo
1-    Sentarte en una mesa
2-    Poner la papeleta del PP a la izquierda, poner la papeleta del PSOE a la derecha
3-    Quedarte dormido. Despertarte el lunes. Ir a trabajar.

Técnica Monedero
1-    Aleccionar a los demás lo que han de votar
2-    No votar
3-    Salir del colegio electoral haciendo la croqueta

Técnica "La constitución no se toca"
1-   Conectarse a la web de RTVE, buscar los archivos del NO-DO, verlos en bucle durante 24 horas
2-   Limpiar la lagrimita que se te escapa
3-   Ir al colegio electoral y buscar en vano la papeleta de Falange Española de las JONS

Técnica Catalunya Triomfant

1-    Votar por correo a ERC
2-    Hacer un castillo de “tres de vuit” con la familia delante del colegio electoral
3-    Pasar el resto de la jornada electoral en Urgencias

Técnica “Los españoles son muy españoles y mucho españoles son”

1-    Comprar el diario Marca
2-    Buscar el resultado del partido del Celta
3-    Votarte a ti mismo porque eres el mejor mucho español

Técnica Pornotube
1-    Conectarte a Internet la mañana de las elecciones para consultar los periódicos
2-    Darle por error al link de Pornotube
3-    Darte amor a ti mismo como un mono

Técnica CR7
1-   Vestirte con la camiseta oficial del Real Madrid comprada en una tienda de souvenirs por 3 euros
2-   Votarte a ti mismo aunque nunca te hayas presentado unas elecciones
3-   Ir corriendo hasta el centro del colegio electoral y gritar abriendo los brazos en busca de algún fotógrafo

Técnica Paco F Bahamonte
1-   Provocar una guerra civil
2-   Fusilar a todos los que están en las listas de partidos de izquierdas
3-   Ganar las elecciones los próximos 40 años

Técnica "The Pujols"
1-   Reunir a tus 21 hijos
2-   Repartir sobres con papeletas electorales de las elecciones Andorranas
3-   Iros todos a Suiza de finde montados en 22 Ferraris

Técnica Fernando Gilipollas
1-   Beber la noche anterior como si no hubiese un mañana
2-   Dormir la resaca el domingo de elecciones (que vote su **** madre)
3-   Encogerte de hombros durante los próximos 4 años








25 nov. 2015

El amor verdadero es una auténtica mierda

 ¿Se ha enamorado ustedes alguna vez? No me refiero a esas tonterías de besos robados a un transexual en un descampado en plena medianoche, tampoco hablo de sentir mariposas en el estómago durante una orgía bisexual que incluye cabras y enanos. Hablo de amor de verdad, ese tipo de amor que mueve montañas y evita guerras. El amor incondicional de Cleopatra por Marco Antonio o el amor ciego de Isabel Preysler por cualquier viejo rico famoso. Un amor que escapa de la cotidianeidad y busca una empresa mucho mas grande que la vida misma. Pero nadie ha experimentado nunca ese tipo de amor porque solo es real en la ficción de las novelas de Danielle Steele o en las películas de Isabel Coixet. A pesar de ello, nos esforzamos en la búsqueda de algo que aseguran es hermoso y da gustillo (sin darnos cuenta que el amor horizontal es aun mas bonito y da mucho mas gustillo). El problema llega cuando confundes amor con gastritis o con el mareo propio de un viaje en barco (como decía Goucho Marx). ¿Que es el amor? Yo no soy el mas indicado para decir eso pues los gordos sin autoestima nos enamoramos hasta de las farolas (aunque estén apagadas o rotas). Pero quizás sirva de ejemplo la historia que les voy a narrar a continuación.

La conocí en un bar de carretera y se llamaba Svetlana. ¡Un momento! ¡No saquen ustedes conclusiones precipitadas! De acuerdo, ella era una meretriz de club de carretera pero se trataba de un bar de carretera galardonado con el Condón De Oro de la revista "Meretrices Ilustrated" y también con el prestigioso "Cinco Gintonics" de la revista "National Bares de Lucecitas". El local en concreto se llama "El descensor del amor" y está ubicado al borde de una carretera nacional cerca de Barcelona. Era un majestuoso local de una planta con paredes de conglomerado y techo de uralita. Pero no juzguen a un libro por su portada, en su interior se criaban las mejores jacas del hipódromo. ¿Acaso con mis palabras parezco un machista que está a favor del turismo sexual? ¡No es cierto eso! Estoy a favor del turismo sexual, de las drogas blandas, de las drogas duras, del alcohol, del sexo gratuito y de que le peguen fuego a la discografía completa de Sergio Dalma.

Svetlana, mi amor, permanecía recostada con sus discretos 1,95 y pechos de 110, contra la barra del local, esperando el amor de la misma manera que los perros esperan las perras o esperan el pienso con sabor a pato. Cuando yo entraba en "El ascensor del amor", Svetlana me lanzaba una de esas sonrisas Profiden que enamoran hasta a los homosexuales mas radicales y abría sus brazos para que yo hundiese mi cabeza entre sus glandular mamarias cual infante recién nacido. Hablar (y solo hablar) con la diosa rusa de largas piernas costaba un whiskycola cada media hora (uno para ella y otro para mi) y las bebidas en aquella choza del placer costaban aproximadamente 50 euros cada una. Es lo que tiene el amor tarificado, es seguro pero no barato. Y además Svetlana, como Mariano Rajoy, apenas sabia pronunciar las palabras en castellano.

Se preguntarán ustedes si en algún momento, el exagerado amor vertical que yo sentía por Svetlana cambió a un plano horizontal y un entorno mas mullido. La respuesta es la misma en todos los casos: ¿acaso en el amor no hay sexo? El amor mullido de Svetlana costaba 750 euros la hora (servicios especiales aparte) así que un día después de mucho ahorrar (y robar bombillas a la comunidad de vecinos para revenderlas), decidí que había llegado el momento de descubrir lo que debía ser el amor mas allá de novias de colegio o intentar meterle mano a mi cuñada en la cena de navidad. Armado de valor, tomé la arriesgada decisión de cambiar el whiskycola por whisky a secas para armarme aun mas de valor. Después de media docena de whiskys (había robado muchas bombillas) y armado del invisible valor que acompaña a los tontos y a los borrachos, subimos a la habitación de Svetlana. Y digo subimos porque aunque el local era de una sola planta, estaba construido en la ladera de una montaña. Tomé asiento en una silla de mimbre mientras Svetlana se disponía a quitarse la ropa sensualmente frente a mi al ritmo del himno de Rusia interpretado por la Banda Central Militar del Ministerio de Defensa de la Federación Rusa (el CD de Joe Cocker estaba rayado...).

A los que se preguntan si finalmente si encontré el amor entre los brazos de la diosa Svetlana les he de confesar algo: cuando vayan a un bar de carretera nunca pidan whisky del bueno porque cuanto mas caro parece, mas falso es. La media docena de whiskys de garrafón crearon tal terremoto en mis ya castigados intestinos que cuando Svetlana se disponía a sacarse la ultima prenda de ropa que cubría su dorado triángulo, fue cuando la parte inferior de mi intestino dijo basta a tal contención (cual presa en película de desastres) y expulsé de manera nada elegante varios días de pizzas, empanadillas congeladas de atún y whisky de garrrafon a manera de aspersor de jardin sobre mi diosa rubia.  Hay mujeres a las que les excita la escatología aunque a juzgar por los puñetazos que comenzó a darme Svetlana, creo que ella no era de esas mujeres.

Y es que el amor verdadero es una auténtica mierda.



22 oct. 2015

Como hacer feliz a una mujer en 500.001 sencillos pasos



Hace tiempo (demasiado ya) conocí a una mujer de nombre francés aunque ella no fuese francesa. También era (y supongo que sigue siendo) una de las mujeres más hermosas que he conocido nunca aunque no fuese modelo ni tampoco actriz. Intenté seducirla, como lo he intentado sin descanso (de lunes a domingo) con todas las mujeres que se han cruzado en mi vida, la diferencia es que esta (después lo supe) me interesaba realmente. Era alta y delgada sostenida sobre dos hermosas piernas, su cuerpo era el que toda mujer más joven deseaba y toda mujer mayor añoraba. Pero no me enamoré de ella por eso. Tampoco por sus gruesos labios ni su hermosa nariz ni aun menos por su corte de pelo que dejaba caer un largo mechón de pelo castaño ocultando uno de sus hermosos ojos. Era la mujer aparentemente perfecta y después de haber hablado con ella supe que lo que había dentro de ella era aun mejor que lo que podía adivinar fuera. No hablo de su hígado ni tampoco de sus pulmones, me gustan las series de forenses pero no hasta ese punto. Porque resulta que la mujer de nombre francés que no era francesa sí que era inteligente. Siempre he sostenido la teoría de que cualquier mujer, por muy tonta que sea, siempre será más lista que el gilipollas que suscribe este texto. No obstante la mujer de nombre francés aunque no era francesa era realmente inteligente. Y ya saben ustedes que a los hombres lo que más nos asusta de una mujer es que tenga un gran cerebro o unos pechos pequeños. Por suerte ella solo cumplía uno de mis miedos pues sus pechos eran deliciosamente medianos. 

Intente seducirla, a fe mía que lo intenté, varias veces, pero todas y cada una de esas veces ella me rechazó como si yo fuese una multa de aparcamiento. De acuerdo, no soy delgado, no soy guapo, no tengo un pene de 35 centímetros ni tampoco una cuenta corriente en Suiza (segunda residencia de la mayoría de nuestros políticos). Puede que a algunas mujeres yo les parezca divertido o inteligente pero eso solo es consecuencia del alcohol (que ellas ingieren) y también de una sorprendente capacidad mía para recordar citas de filósofos griegos (que intercalo cada dos frases). Mis trucos suelen funcionar bastante bien a pesar de que mi porcentaje de éxito no llega al 1% (aunque solo es debido a que aun no llegué a las 100 mujeres). 

Soy un prodigio de la perfección hecha (abundante) carne... ¿Entonces porque ninguna mujer me dirige la palabra más allá de la tercera cerveza? No digo ya la mujer de nombre francés que no era francesa sino cualquier otra mujer más terrenal e incluso menos apetecible. 

Creo que mi problema siempre ha sido el sujeto. Y no hablo ahora de ese tipo raro que duerme en el rellano de mi escalera y huele fuerte sino que me refiero al sujeto quien actúa. Siempre espero que ellas actúen, me limito a desplegar apenas trescientos o cuatrocientos trucos de prestidigitador sentimental y aguardo a que  caigan rendidas a mis pies con sabañones. Quizás debería ser un poco mas insistente, ya saben, como esos tipos a los que un juez les regala un papel en cuyo encabezamiento pone “orden de alejamiento”. Al menos a ellos les rechazan de manera oficial con papel del estado.

Creía conocer los 500.000 pasos para hacer feliz a una mujer gracias a un viejo libro que compré a un vecino africano. Quizás el problema es que para hacer feliz a la mujer de nombre francés que no era francesa necesitaba un truco más. O fue eso o bien es que el libro estaba escrito en un desconocido dialecto de una tribu desaparecida en el siglo XIX y yo no me había enterado de nada. 

Que también puede ser.