"El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla... está hecho" (Groucho Marx)

14 feb. 2017

Feliz día de San Calcetín



Hoy es el día de San Calcetín, maravillosa tradición donde los enamorados se regalan calcetines en forma de ofrenda para sustituir a los que ya lucen con tantos agujeros que parecen una tomatera de cultivo ecológico. El día de San Calcetín suele decirse todo aquello que no se dice el resto del año, cosas como “seremos calcetines el resto de nuestras vidas” o “me encantan tus calcetines”.  Es un día para celebrar, por supuesto, no todos los días renovamos la ropa interior o los complementos. Por cierto… ¿San calcetín es el santo de la ropa interior o de los complementos? Siempre he pensado que era un sentimiento muy interior, pero, con el paso de los años, me he dado cuenta que es la fiesta de los complementos. Dicen las malas lenguas (aquellos que no regalan calcetines ni por Navidad) que la fiesta de San Calcetín se instauró para que las mercerías vendiesen más calcetines, apelando a ese vínculo de fraternidad textil que existe en cualquier pareja que se precie. Que puedo saber yo… hace siglos que nadie me regala calcetines ni tan solo por San Calcetín, en vez de eso debo acudir a mercadillos de extrarradio para, previo pago, encontrar el calcetín para mi pie. Aunque esos calcetines son tan solo una ilusión, algo que se rompe de inmediato cual boleto de la lotería no premiado. Solo espero que hoy, día de San Calcetín, alguna alma caritativa se apiade de mis desafortunados pies y le regale esos calcetines que hace siglos estoy esperando.

Sea como fuere: ¡feliz san calcetín a todos!

11 dic. 2016

Novelista gilipollas




A veces, incluso en los días más oscuros de mi oscura existencia, encuentro motivos para seguir adelante, especialmente en verano, cuando las mujeres reducen todo cuanto textil cubre sus cuerpos y mis pupilas se dilatan hasta el colapso. ¿Pero y en invierno? El gilipollas hiberna y sobrevive a base de esas páginas de porno gratis en Internet que merecerían el Premio Nobel de La Paz. Y es que, además de dedicarme al onanismo salvaje, en invierno también pierdo el tiempo escribiendo. Y sucede que, durante todos esos inviernos, entre sexo conmigo mismo y llamadas al Telepizza, he escrito una novela. ¿Por qué escribir una novela? ¡Porque quiero ser famoso y firmar en los pechos de mis lectoras! No hay otras respuestas. No obstante, una vez finalizada mi novela, se me plantearon nuevos retos ante los cuales recibí ciento de portazos en pleno rostro cual tronista de Mujeres, Hombres y Viceversa en la inauguración de una exposición de arte. Al parecer, ni en el registro de la propiedad ni tampoco en las editoriales, admitían que alguien publicase una novela con el nombre de “Fernando Gilipollas”, cosa que puedo llegar a entender porque Fernando es un nombre de pila comercialmente terrible.

Así pues, tuve que buscar a un vecino que publicase la novela con su nombre, me diese todos los beneficios y además accediese a tener sexo conmigo cuando casi toda la humanidad se extinguiese por culpa de un virus mutante desarrollado en un laboratorio secreto en Los Monegros.

Y aquí está el resultado: una novela de humor negro cuya sinopsis es la siguiente:

En la tradición de la novela satírica clásica, “La ligereza de la grava” cuenta la historia de Anselmo Queralt, uno de los hombres más poderosos del país, recién cumplidos los setenta años, que ahora se encuentra en lo alto de un puente, dispuesto a acabar con su vida. Lo tiene todo y, no obstante, siente que no ha conseguido nada. Es entonces cuando aparece Edurne, una insoportable mujer que cambiará todo. Aunque las cosas no son lo que parecen a primera vista y este encuentro provocará una serie de imposibles situaciones que acabarán con toda la civilización al borde del colapso por culpa de tres misteriosos personajes y un bocadillo de sobrasada con pimientos.

Como podéis ver es una novela que hace honor a mi apellido.

Si queréis hacer feliz al onanista que suscribe, comprad cientos de ejemplares y luego venid a la puerta de mi casa a que os firme los pechos (incluso si sois hombres). Aunque si compráis un solo ejemplar también puedo darme por satisfecho.




Y no molestéis a mi pobre vecino Ricardo, ese es tan solo un idiota que ha aceptado poner su nombre porque cree que, el que su nombre aparezca en la portada de una novela, conseguirá que el banco le financie su proyecto de ser el primer escritor vivo que no venda una sola novela en toda su vida. En ello estamos.


12 nov. 2016

El consumidor gilipollas (1): Los yogures de Casa Ametller

A partir de hoy, de vez en cuando les voy a reproducir aqui y a ustedes unas cuantas cartas que he enviado a las oficinas de atención al publico de empresas referente a sus productos. Soprendentemente... me han contestado muchos, lo cual dice poco de ellos.

La primera es una carta de reclamación sobre las tapas de los yougures defectuosas que envié al servicio de atención al cliente de Casa Ametller a la que han contestado muy educadamente. Vaya por delante decir que soy un ferviente consumidor de sus productos, aun mas ahora que se que, además, son amables...
  

Mi carta de reclamación fué la siguiente:
"Queridos señores (o señoras) de Casa Ametller


Vaya por delante decirles que soy un asiduo cliente de una de sus tiendas, sus productos me parece que tienen (en su gran mayoría) una excelente relación calidad/precio. Además, sus tiendas desprenden un aroma a deliciosamente falsas y me encanta también ese chorrazo de agua que vaporizan sobre las verduras (quiero uno para cuando mi gato se porte mal).


El motivo de esta carta es porque sus yogures (todos sin excepción) son EXCELENTES. Lo digo con la mano en el pecho y la cuchara en la boca. EXCELENTES es quedarse corto. Soy un comprador compulsivo de sus productos lácteos. No obstante, en el otro lado de la balanza tenemos ese pequeño problema con la tapa de apertura que es, con toda seguridad, la tapa peor diseñada de la historia de las tapas de los yogures. Si existiese un Club de Tapas de Yogures, con toda seguridad ustedes serían expulsados de por vida. ¿Cómo es posible que una simple tapa se rompa por la mitad cuando estiras de ella y luego, para quitar el resto, debas inevitablemente mancharte los dedos de yogur? No hace falta que me explaye mucho más porque seguro que saben ustedes a que me refiero (algunas de las tapas de sus deliciosas cremas o consomes comparten el mismo y lamentable diseño). Nunca (y cuando digo nunca es casi nunca) he conseguido abrir uno de sus yogures a la primera. De acuerdo, las tapas de los yogures de otras marcas se abren a la primera, pero esos otros yogures saben a relleno de sofá o a caramelos de fresa. En cambio, los yougures de la Casa Ametller son sabrosos, tienen ese sabor a grasa mala que tan poco saludable es pero que tan impresionante sabor otorga al delicioso y lácteo postre. En serio queridos amigos, sus yogures son deliciosos, me da igual si me llevan a la tumba, seguiré consumiéndolos con avidez: no es broma. 


Aunque seamos sinceros y sin ánimos de ser violento: quien diseñó la tapa que hay sobre ellos merece un tiro en la rodilla. O en las dos.


Sin más, se despide de ustedes atentamente


Un completo gilipollas 

(Usuario habitual del establecimiento de Casa Ametller de la calle Comte Borrell y miembro del Club Casa Ametller)"





 Su amable respuesta fué

"Estimado Fernando,

Ante todo agradecerle sinceramente sus comentarios. Para nosotros es muy importante recibir el feedback de nuestros clientes para poder mejorar en todo lo posible.

Permítanos comentarle que somos conscientes de esta incidencia y por eso ya hace tiempo que estamos trabajando para cambiar las tapas, y, aunque es un proceso lento de adaptación, intentaremos hacer todo lo posible para que en breve pueda observar un cambio sustancial en las mismas.

También le agradecemos y nos complace saber que disfruta de nuestros lácteos.

Gracias de nuevo por sus comentarios y quedamos a su disposición para cualquier otra cuestión.

Saludos cordiales,"

25 jul. 2016

Melones y sandias



Hace mucho que no escribía en este blog, casi medio año. El motivo no es porque haya dejado de ser un completo gilipollas, en realidad sigo siento tan completo y tan gilipollas como siempre (incluso más). El motivo es otro, aunque carece de importancia porque nada ha cambiado, en realidad. Podría contarles millones de aventuras que me han sucedido en este medio año, pero casi todas serían una ficción que nada tiene que ver con la ficción de este blog. Así pues, aquí me hallo de vuelta para explicarles algo que me sucedió ayer mismo en un supermercado cerca de la infecta cueva que es mi casa. 

Había bajado yo a comprar gazpacho marca blanca en tetrabrik (el caviar del verano para los pobres) cuando, me topé de golpe con una muchacha que también estaba mirando las cremas refrigeradas. Cuando digo “topé” fue literalmente porque ella abrió la puerta de los refrigerados dándome tal golpe que me lanzó hacia detrás por el pasillo de la fruta cual zombie recién golpeado en “The Walking Dead”. De vuelta me di cuenta que ella era relativamente joven, con unos grandes ojos negros, el pelo rubio y corto y una especie de vestido con animalitos estampados. Y unos grandes pechos, claro. Si no de que me iba a enamorar… ¡Eh! ¡Quietas! ¡No es mi culpa! ¡Soy hombre heterosexual, machista, antiguo, mentiroso y egoísta! O sea, soy un hombre. Vale, aunque no hubiese sido tan atractiva y su pecho hubiese sido una tabla de planchar, me habría enamorado igualmente. ¡Soy un hombre, les recuerdo!

Tenía que hacer algo para llamar su atención, lo más rápido posible…

 -El mejor gazpacho es el que se hace en casa -comencé intentado impostar mi voz más masculina y que al tiempo no viese ella que me faltan la mitad de las piezas dentales- en mi casa, concretamente…

La mujer me miró y dibujo una media sonrisa en su casa, aunque más que un gesto de cordialidad pareció que acababa de meter la lengua en el tubo de escape de un autobús de la línea 41. No me preocupó, todas las mujeres reaccionan así frente a mí. Es más, cuando son realmente simpáticas salgo corriendo porque ya no soy capaz de reconocer la amabilidad femenina.

Ella hizo caso omiso de mi veraniego consejo, cogió rápidamente un tetrabrik de gazpacho, lo metió en su carrito y salió corriendo de allí, tan deprisa que una gran sandia salió disparada de su carro en dirección a mis pies. Yo recuperé hábilmente la redonda fruta cual quaterback titular de los 49rs de San Francisco (aunque me gané reencontrarme con mis queridas dos hernias discales) y salí corriendo tras ella con la sandía en alto. Al llega a su lado la mujer había sacado un spray antivioladores y lo apuntaba amenazadoramente en dirección a mis ojos. 

Le mostré la sandía, entonces ella miró su carro y lo entendió todo. Hubiese preferido que entendiese que lo único que pretendía era yacer con ella en todas las posiciones imaginables.

De hecho, creo que lo entendió porque simplemente cogió la sandía, dijo un breve “gracias” y siguió su camino huyendo de mis miles de encantos entre los que se incluían unas cangrejeras de plástico y una riñonera de polipiel.

Pero no iba yo a permitírselo. Despedirte de alguien que te atrae sin darle un beso en la boca es como beber Cacaolat bajo en calorías o la leche sin lactosa: una insustancial pérdida de tiempo. De acuerdo, yo siempre intento despedirme de todas con un buen beso en la boca, pero es que a mí me gustan todas. Siempre consigo también o una espléndida cobra que deja mis morritos colgados del aire o consigo una magnifica bofetada a mano abierta que hace que mi cabeza gire como la de la niña de “El Exorcista”.

Así pues, puse mis labios en pompa y los acerqué a los suyos. En ese preciso instante, ella interpuso otra redonda y gigantesca fruta de su carro, con increíble habilidad entre nuestros labios, finalizando yo mi acción con un espléndido beso (quizás el mejor que he dado nunca) a la rugosa piel de un melón piel de sapo.

Han de saber ustedes, como culminación de esta nueva tragedia sentimental, que me encanta la sandía pero que soy alérgico a la piel del melón. ¿Aunque que podía saber mi amada? Nunca reprochéis la ignorancia ajena, sobre todo si viene acompañada de unos pechos tan magníficos como eran aquellos. Incluso aunque no sean magnificos.

Ahora mismo estoy escribiendo estas líneas con los labios tan hinchados como los huevazos de Rita Barberá. 

Eso que me ahorro en botox… ¡feliz verano!

3 ene. 2016

Resumen y propósitos... lo de siempre



En estas señaladas fechas, como buen gilipollas que pretendo, me veo obligado a resumir el año transcurrido al mismo tiempo que odio con todas mis fuerzas todos aquellos que quieren resumir el transcurrir de su propio año. Será porque solo me intereso a mí mismo, el gilipollismo tiene eso: alimenta el egocentrismo. Sea como sea, voy a intentar hacer un resumen de mi año aunque lo voy a hacer huyendo de textos cursis ni tampoco acompañándolos de una bonita estampa mía alzando una copa (de plástico) de cava (barato) en un (frio) parque la (desoladora) primera mañana del año.

Mi 2015 fue divertido, no puedo negar la evidencia, pasaron muchas cosas y casi todas fueron eso:  divertidas. A saber: encontré el ejemplar  7 del cómic “The Amazing Spiderman”, acabé el puzle de 200 piezas de Popeye, perfeccioné mi técnica para encender una barbacoa sin que la carne acabe con sabor a gasolina y por fin puse en mi móvil el tono de la serie de TV de “Starsky y Hutch”. Puede parezcan logros menores pero la vida del gilipollas es así, una juerga continua de series de televisión, cómics y cerveza barata. Respecto a las mujeres mejor no hago ningún resumen porque estoy comiendo una piza (des)congelada y me atraganto cuando lloro.

Mis propósitos para el 2016 son bien simples: no tener que picar demasiada piedra para encontrar oro. O lo que es lo mismo: fornicar sin esfuerzo. Me refiero al esfuerzo previo al fornicio porque el sudor lo asumo como uno de esos inconvenientes indisolubles del placer mismo. ¿Dónde encontrar esas mujeres? No tengo demasiado dinero porque me gasté todos mis ahorros en una caja de gambones congelados para Nochebuena, así que deberé evitar bares de carretera, restaurantes chinos y el consulado de Bielorrusia. Quizás lo mejor sea tirar de agenda y ver si consigo emborrachar a alguna conocida a quien en el pasado ya intenté emborrachar sin demasiado éxito. Nunca se sabe. Lo malo de este tipo de situaciones es que yo también acabo borracho y mi pene adquiere las proporciones de un percebe enano (el mismo olor, a veces).

Quizás debiese plantearme estudiar algo, quizás cambiar de trabajo… bueno, encontrar trabajo. Quizás debería plantearme cambiar de peinado y de vestuario.  Seguro que eso ayudaría a que el 2016 fuese mejor que el 2015, el 2014, el 2015… (sigan ustedes hasta 1966). Pero resulta que se estoy tan cómodo en mi sofá de polipiel y rodeado de mis ácaros que no creo que tanto esfuerzo proporcione ningún beneficio en relación.

Lo sé, muchos de ustedes (por no decir todos) estarán ahora con el ceño fruncido pensando que este texto es deprimente.  Permítanme contestarles una cosa. Si son ustedes hombres, en efecto reconozco que es deprimente. Pero si son ustedes mujeres… ¿no doy pena?

El sexo por compasión sigue siendo mi baza más segura para el 2016…